lunes, 22 de noviembre de 2010

LA FIESTA DEL CHIVO



Mario Vargas Llosa, escritor. Podríamos escribir su biografía completa, pero sería redundar, ya que este personaje es uno de los más famosos peruanos de la actualidad, (aunque adoptó la nacionalidad española), y es reconocido, no sólo en el Perú, sino en toda Latinoamérica, como uno de los mejores escritores de este siglo, no por nada, luego de tanta espera, acaba de ganar el Premio Nobel a la literatura convirtiéndose en el sexto latinoamericano en obtener ese distinguido reconocimiento.

Postuló a la presidencia del Perú en 1990 por el partido liberal Fredemo, quedando en segunda vuelta con Alberto Fujimori ganando este último, muchos coinciden en decir que fue su sinceridad lo que lo condenó a perder en segunda vuelta, ya que Fujimori solo prometió muchas cosas ilusorias que como todos sabemos posteriormente no cumplió, sino todo lo contrario, dio un autogolpe.
Si bien en los inicios de su carrera como escritor Vargas Llosa tenía una inclinación a la política socialista, visitando incluso Cuba y por supuesto a Fidel Castro, como sabemos el 1 de enero de 1959 las fuerzas revolucionarias dirigidas por Fidel Castro derrocan al gobierno militar del dictador Fulgencio Batista. Dando se así el triunfo de la revolución cubana, entonces se entiende el contexto en el que se vivía.
Posteriormente acogió una tendencia derechista y liberal, siendo ahora uno de los más acérrimos defensores del sistema político - económico neoliberal. Vargas Llosa estima que ningún ciudadano debe de renunciar a la política, y que esta es obligatoria en todos los casos, a pesar de la mala experiencia que él tuvo en este rubro, se refiere también a que la política es ingrata y que saca a la luz lo peor de la gente, es gran admirador de la libertad y dentro de esta todos sus componentes. Como él mismo lo dice, la vida en si para es satisfactoria cuando hay libertad, y que cada persona desarrolla sus potencialidades si tiene libertad.


De su vida personal, Vargas Llosa fue en su juventud un muchacho precoz, casándose a los 18 años con su tía política Julia Urquidi en 1955 y junto a ella viaja a Europa donde trabajaría en distintos lugares y de distintas formas, cosa que contribuiría para formar al futuro escritor. Posteriormente escribiría “La Tía Julia y el Escribidor”, rememorando la experiencia vivida con su primera esposa, y años después Julia Urquidi escribiría “Lo que no dijo Varguitas” haciendo unas aclaraciones a la novela antes mencionada, aclaraciones que no eran necesarias, porque como todos entendemos lo que Vargas Llosa hizo, fue una novela, talvez autobiográfica, pero novela al fin y no tenía que estar hecha siguiendo fielmente la realidad de lo ocurrido.
Mario Vargas Llosa termina casado con su prima hermana, y con la que formaría una familia y se asentaría.
Actualmente este escritor es invitado a un sin fin de eventos sociales, culturales y hasta políticos, dando, siempre que puede, sus opiniones respecto a la situación del país y del mundo, no podemos negar que sus palabras siempre son tomadas en cuenta, y en un orden privilegiado, su último viaje a Venezuela como invitado por un medio de comunicación y un grupo de intelectuales, dio mucho que hablar, la intención era apoyar la libertad de expresión y fue la noticia del día, cosa que no le gusto mucho a Hugo Chávez.
Mario Vargas Llosa un personaje fascinante y ya célebre, espero que venga pronto hacia su tierra natal Arequipa.






Argumento de la obra:
En el libro se narran nueve historias; nueve vidas marcadas por una única figura: el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo.
Sólo una está contada desde el presente: la de Urania Cabral, hija del ex-senador Agustín Cabral caído en desgracia en los últimos días del régimen. Cuando salió de la República Dominicana, Urania era apenas una niña de catorce años. Ahora vuelve sin una razón clara, convertida en una mujer madura, fría, con una aversión profunda a los hombres y centrada únicamente en un trabajo que no le apasiona: “Mira que si, después de todos estos años, descubres que, debajo de tu cabecita voluntariosa, ordenada, impermeable al desaliento, detrás de esa fortaleza que te admiran y envidian, tienes un corazoncito tierno, asustadizo, lacerado, sentimental. Se echa a reír. Basta de boberías, muchacha.”
Ya no siente ni siquiera odio por su padre, aquel hombre que la entregó al general Trujillo en un último intento desesperado de volver a conseguir sus favores. No siente odio, pero tampoco es capaz de sentir nada más. Nunca ha amado a nadie, no experimenta ni nostalgia ni alegría al volver a su país de origen, al entrar de nuevo en la casa de su infancia; ignora la ternura mientras sus tías y primas lloran al verla después de tantos años: “Sí, sí, ya sé, tienen problemas, apuros, decepciones. Pero también, una familia, una pareja, hijos, parientes, un país. Esas cosas llenan la vida. A mí, papá y Su Excelencia me volvieron un desierto.”
Cuando encuentra a su padre viejo e inválido, se sienta indiferente a su lado y comienza a recordar sus últimos años de carrera. De vez en cuando le echa en cara los errores cometidos, escarba en los recuerdos más dolorosos, sin que el pobre enfermo que se estremece en su sillón le produzca ni un atisbo de piedad.
Con los capítulos de los recuerdos de Urania se entremezcla el resto de las historias, todas más antiguas, de la época en la que ella huyó a Estados Unidos.
El Generalísimo, causante de todas las desgracias acaecidas en el libro, pasa sus últimas semanas luchando con los problemas que atosigan al país: las malas relaciones con el resto del mundo (EEUU, Cuba y los comunistas, la Iglesia...), los eternos conspiradores que traicionan a su propia patria, el cuidado de las relaciones con sus hombres de confianza para que ninguno se sienta desatendido. Todo envenenado por la conciencia de los primeros síntomas de vejez que le manchan los pantalones y que le humillaron delante de la niña Uranita Cabral. En el camino a la Casa de Caoba, a donde se dirige para demostrarle a su propia hombría que todavía era capaz de todo, le esperan impacientes varios hombres repartidos en dos coches. Es el grupo de conjurados que acabará con “la Bestia”: Antonio de la Maza, Salvador Estrella Sadhalá, Antonio Imbert, Pedro Livio Cerdeño, Amadito y otros pocos más. Cada uno tiene un motivo particular para estar allí:
A Antonio de la Maza le roe el ansia de venganza por la muerte de su hermano. Desde que Tavito fue asesinado, sólo tiene un objetivo en la vida: matar a Trujillo. Esa idea se ha convertido en una obsesión que le volvió violento, irritable; una obsesión que le ahoga: “¿Vendría? Sí, vendría. Y cesaría el largo calvario que había sido la vida de Antonio desde la muerte de Tavito.”
El teniente Amado García Guerrero, Amadito, fue un ciego fiel de Trujillo hasta los veintinueve años. Fue entonces cuando comprendió la verdadera realidad del régimen; le impidieron casarse con la mujer amada por el hermano comunista de ella. Lo aceptó como sacrificio a su Jefe. Después de despedirse de su novia, le engañaron para que matara al hermano. Le atormenta desde entonces aquel recuerdo, y quiere hacer pagar al verdadero culpable.
El sentimiento de Antonio Imbert es menos individualista que el de sus compañeros. Él busca ante todo la liberación de su país, del pueblo dominicano de la opresión de “la Bestia”. sin embargo, también Antonio Imbert tiene, en cierto modo, alguien a quién vengar: las hermanas Mirabal, activistas del Movimiento 14 de Junio. Su asesinato las convirtió en un símbolo de la lucha contra el trujillismo, y en ellas se inspira el ex-militar.
Para Salvador Estrella Sadhalá, la fe y la espiritualidad son los aspectos más importantes de la vida, sin los que es incapaz de pasar. Profundamente católico, al Turco le mueven los mandatos de la Iglesia. Siempre tuvo dudas con respecto al régimen, pero desde que el 25 de enero de 1960 el episcopado proclamó abiertamente su oposición a éste en la Carta Pastoral y los obispos e iglesias comenzaron a sufrir maltratos, decidió que Dios aprobaría la solución de acabar con el tirano. El suyo es un sentimiento liberador del pueblo, siente que va a realizar una gran obra para la humanidad: “Le rogó que Trujillo viniera, que su infinita gracia permitiera que ejecutaran de una vez al verdugo de los dominicanos, esa Bestia que ahora se encarnizaba contra la Iglesia y sus pastores.”
Aparentemente, Pedro Livio Cerdeña es un hombre de mal carácter, violento e impulsivo. Pero en el fondo tiene un buen corazón, sensible e incluso a veces tierno: “¡Pobre Olga! El embarazo le daba antojitos. ¿La impresión le haría perder el bebe? No, Dios mío. Éste sería la hembrita que haría pareja con Luis Mariano, hijito de dos años.” Administra una de las empresas de la familia Trujillo. Tiene una buena situación económica, una mujer embarazada y un hijo de dos años; para el exterior, es un trujillista sin motivo aparente para ir contra el régimen. Sin embargo, la noticia del asesinato de las hermanas Mirabal, a quienes no conocía personalmente, abrió una profunda herida en su interior y le convenció de los límites a los que se estaba llegando. Desde entonces desea, como Salvador Estrella, acabar con el sufrimiento de su patria de la única manera posible: matando a “la Bestia”.
El plan ha tenido éxito, ya se ha producido el tiroteo y Trujillo está muerto. El general José René Román, jefe de las fuerzas armadas de la República Dominicana debe preparar a los militares y tomar el poder por la fuerza. Sin embargo, la fuerza dominante que ejerce Trujillo en el general Román, incluso después de muerto, le impiden llevar a cabo su misión. El coronel Abbes García, mano derecha del Benefactor, toma el control de la situación. Román comienza a actuar al contrario de lo planeado, como inconsciente: ya no hay vuelta atrás, todo ha fracasado. Su estado de confusión sólo termina cuando es detenido por la policía trujillista y llevado a la cárcel para someterle a torturas inhumanas. Cuando ya es incapaz de sentir más dolor, entonces le dejan morir.
Ese mismo final es el que les espera a los demás conjurados y a sus familias. Antonio de la Maza, Amadito, Pedro Livio, Salvador Estrella y Juan Tomás Díaz mueren, bien en la huída desesperada, bien ajusticiados después de meses de torturas.
Durante estos meses, Agustín Balaguer, el hasta entonces insignificante presidente fantoche, consigue discretamente llenar el vacío que deja la muerte, y poco a poco, ir ganando el poder de un verdadero presidente de Estado. Siempre sereno, calculador, inocente en apariencia, logra echar a los hermanos de Trujillo del país y comenzar a instaurar una democracia. Y para demostrarlo al mundo exterior, recibe con todos los honores a los dos únicos fugitivos que sobreviven tras un largo encierro: el doctor Amiama, y Antonio Imbert.






Tiempo Real: El tiempo real en que fue escrita y publicada esta novela tiene un contexto especial, año 2000 en el que en nuestro país ocurrían situaciones que sorprenderían a todos los peruanos, un presidente con ínfulas de dictador afrontaba su propia lucha para seguir al mando del país, valiéndose de múltiples artimañas que luego de las publicaciones de unos videos, sacarían a la vista de todos, la corrupción y la miseria en el que ya estábamos metidos, y sacó a la luz la utilización de un poder, dado por nosotros mismos, de manera vil y astuta en beneficio de unos pocos gobernantes del país, y también dio a una generación de políticos vendidos y comprados. El Perú se tomó un respiro después de sacarse la venda de los ojos; dictadura, corrupción, traición, miseria, huelgas, muertes, políticos, Montesinos, el Perú de Fujimori… Son solo algunas palabras que quedaron como recuerdo del mal sabor que nos dejo sentirnos peruanos después de que el velo se nos cayó, posteriormente tendríamos que lidiar con otra palabra que aunque buena, no cambiaba el sabor de nuestros labios: Reconciliación.
Es en este mismo contexto, donde Mario Vargas Llosa escribe “La Fiesta del Chivo”, que trata también de una dictadura, pero más sórdida e inhumana, aunque no estoy tan seguro cuál de las dos fue peor, Trujillo tenía lo suyo, como Fujimori tenía a Vladimiro y a todo un país sumergido en una manipulación falaz, que nos dejó resentidos, humillados y engañados, al menos a una gran parte de peruanos.






Tiempo Ficcional: En República Dominicana, el acontecimiento político más sobresaliente fue la dictadura establecida por el general Rafael Leónidas Trujillo. Elegido presidente en 1930, Trujillo eliminó mediante el uso de la fuerza a toda la oposición y se hizo con el control absoluto del poder. A pesar de que sólo ocupó la presidencia personalmente la mitad del tiempo (de 1930 a 1938 y nuevamente de 1942 a 1952), durante los siguientes 31 años Trujillo presidió una de las dictaduras más severas del mundo. Basándose en el apoyo de los militares y rodeado de su familia dirigió prácticamente todos los aspectos de la vida nacional; la economía, cada vez más desarrollada y modernizada, funcionaba como una empresa personal del dictador y el proceso político estaba completamente controlado por su Partido Dominicano. Respaldado por Estados Unidos, Trujillo utilizó este apoyo para fortalecer aún más su poder. La inconformidad y las críticas de la población, que aumentaron de manera especial después del final de la II Guerra Mundial (1945), se enfrentaron al terror y a la propaganda controlada por su régimen.
No obstante, durante su gobierno se llevó a cabo un considerable progreso material: se construyeron nuevos hospitales, se estableció un plan de pensiones y se mejoraron las instalaciones sanitarias, los puertos y las carreteras. En 1935 se llegó a un acuerdo con el vecino Haití respecto al problema de los límites fronterizos, pendiente desde 1844. En diciembre de 1941, poco después de que Estados Unidos entrara en la II Guerra Mundial, la República Dominicana también declaró la guerra a Japón, Alemania e Italia. Posteriormente, fue uno de los miembros fundadores de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En 1948 el país se convirtió también en miembro fundador de la Organización de Estados Americanos (OEA), que en los años siguientes condenó frecuentemente al régimen de Trujillo, tanto por su intervención en los asuntos internos de países vecinos como por las evidentes violaciones de los derechos humanos. Las críticas de la OEA culminaron en 1960 con una resolución que hacía un llamamiento a la ruptura de relaciones diplomáticas con la República Dominicana; Estados Unidos lo hizo casi de inmediato. Estas presiones externas se unieron a la creciente oposición interna al régimen. La era de Trujillo terminó en mayo de 1961 con el asesinato del dictador.




Conflicto Mayor: En esta novela, el conflicto principalmente es político, la situación en la que vivían los dominicanos, la dictadura en el que se encontraba República Dominicana dio más tragedias que beneficios aunque como dicen, siempre deja algo bueno una dictadura, aparte de las cosas positivas que ya después de la era Trujillo podrían haber quedado, los que tuvieron que vivir en carne propia el gobierno del general Rafael Leónidas Trujillo llegaron a sentirse esclavos del país y de la violencia, la corrupción, la inseguridad y el miedo que el gobierno irradiaba.


Conflicto Menor: El conflicto menor, la parte que le toco vivir a Urania, la protagonista, el rencor a su padre por haberla entregado al General Trujillo, y la noche en la que siendo una niña aún tuvo que estar en poder de ese dictador, que se divertía con muchachas en su cabaña privada, dando riendas sueltas a sus perversos y más profundos deseos. Para cualquier persona esa experiencia dejaría marcas imborrables y perpetuas y Urania no es la excepción, ella se siente vacía y destruía.


Héroe: En realidad no puede haber un solo héroe, fueron muchos, pero los mencionados en la novela, a mi parecer son los que hicieron el trabajo sucio: Antonio de la Maza, Salvador Estrella Sadhalá, Antonio Imbert, Pedro Livio Cerdeño, Amadito y otros pocos más, por otro lado la protagonista. Pero la principal es Urania, porque es la que cuenta la historia, regresa a ese lugar al que había jurado no regresar, para revivir los acontecimientos y evocarlos y talvez buscar esa liberación, poder por fin perdonar y quitarse de adentro todo ese odio acumulado, no sólo por su padre, sino también por el general Trujillo y todos sus allegados.


-Nacionalidad: República Dominicana, el hecho de que sea dominicana la inscribe en una realidad determinada.


-Sexo: La protagonista es mujer, vivió la era Trujillo cuando era una niña aún y se llevó la peor parte, por ser niña y mujer, frágil e inocente. Creo que la pureza de una niña, la inocencia y hasta el hecho de ser mujer contrasta con “La Bestia”, como llamaban al General, con la personalidad ególatra de ese ser que se hacía llamar el Generalísimo y deja al descubierto como una desviada pasión puede destruir la inocencia y por último la vida de un ser que al principio es inocente y puro y que termina resultando vacío y hueco.


-Grupo Social: La protagonista pertenece a una clase social alta, hija de un funcionario de estado del gobierno de Trujillo, que tiene todas las comodidades y pertenece al grupo de poder de la República Dominicana de entonces, pero posteriormente al escapar del país se vuelve independiente, aunque sigue estudiando en una de las mejores universidades de los EE.UU. vemos cómo a pesar de todo, sigue viviendo cómodamente, nunca deja de pertenecer a la clase social donde pertenece.


-Tipo de Familia: Sólo vivía con su padre, de ser el único ser al que quería y admiraba, paso a odiarlo y despreciarlo desde esa noche en la que la obligó a ir con el generalísimo.


-Tipo de Empleo: Termina siendo doctora, un puesto bueno en una organización internacional, se había dedicado a estudiar noches enteras para lograr el lugar donde ahora se encontraba, y también en partes para ocupar el tiempo y no estar recordando cosas innecesarias.


Antihéroe: El General Rafael Leónidas Trujillo, un personaje cruel en la novela, pero había reconstruido un país derruido, y después de años de supuesta estabilidad, la situación empeoraba, al fin y al cabo todos los dictadores terminan como villanos, pero lo que hizo con Urania (en la novela) es algo imperdonable.




Comentario Final: La novela refleja no sólo la historia de la República Dominicana, sino de muchos países que como ese país, vivieron en carne propia el régimen político de muchos dictadores, que como Trujillo, se hicieron conocidos por sus actos inhumanos y la corrupción que imperaba en sus gobiernos. Conocer la historia de cada país, no sólo nos hace entenderlo en su formación histórica, sino que nos abre un panorama total de la evolución social que tuvieron que pasar para ser lo que ahora son socialmente y hasta individualmente. Así los niños de ahora van creciendo con algo de lo que fue su país por medio de los miedos y prejuicios sociales, culturales, políticos, etc. que los padres adquirieron de los abuelos o talvez porque tuvieron que vivir en carne propia lo que fue un periodo de miedo y de inseguridad en su país.
Terminé de leer la novela en el bus que me traía de regreso hacia Arequipa, no me di cuenta ni del viaje, ni del tiempo que pasó al viajar, sólo sentía ansiedad al esperar que el Generalísimo pase con su Chevrolet para por fin poder matarlo.

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